Fue una profesora entrañable. Estudió bachillerato en el Instituto de la Purísima antes de la guerra, allí recibió la influencia de doña Manolita Díaz, profesora de historia, que le inculcó los ideales que ella había recibido en la Institución Libre de Enseñanza.

Luisa estudiaría también Historia y todos los que tuvimos la suerte de ser sus alumnos en el Instituto Ibáñez Martín recordamos sus clases por su forma de enseñar y de «saber estar» en todo momento.

Sus hijas Ángeles y Cristina, actualmente son profesoras también.

Ella despertó el gusto por la Historia y, en agradecimiento y como recuerdo, le dediqué mi libro Lorca y su Historia. Mujer activa y de gran sensibilidad, colaboró en actividades sociales y de Acción Católica y sus clases de Historia del Arte dejaron huella en sus alumnos.

Luisa García Mulero estudió una carrera universitaria, como después también lo haría su hermana Lola, gracias a que su hermana mayor, Joaquina, había abierto el camino poniéndose a trabajar a los 14 años. Y sobre todo porque su madre Catalina Mulero, «la señora Catalina», fue una gran mujer que apoyó a sus hijas en sus aspiraciones con una visión abierta y progresista con la vida y el trabajo de las mujeres.

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