Nació en 1890, se crio en un huerto y cuando inició su pequeño negocio de flores en los años treinta, no imaginó que se convertiría en la primera floristería de Lorca. Catalina alegraba la vida de los demás con los ramos de margaritas que ella misma cultivaba. Después de la guerra amplió el negocio y empezó a confeccionar ramos de novia, arreglaba tronos para las procesiones y disponía de flores para las coronas de los difuntos. Murió en 1977 vendiendo flores casi hasta el último día.